jueves, 1 de septiembre de 2011

Tranvía a la Luna (mentes en construcción Septiembre)

Tranvía a La Luna (Inside Looking Out)

Publicado en: http://www.culturablues.com/
http://culturablueslarevista.blogspot.com/



En pasadas entregas les he comentado algo acerca del entorno que allá por los ya lejanos años setenteros nos tenía copados en éste hermoso lugar llamado Xochimilco, del cual siempre me he sentido un poco extranjero naturalizado a pesar de haber nacido en una vieja vecindad del barrio de San Pedro de la cual no conservo ningún recuerdo ya que a los pocos meses de haber sido arrojado al mundo nos mudamos a un cuartito en la calle de Pino , que sobra decir que era (aún hoy sigue siendo) la única calle para salir del centro de Xochimilco y la cual parece que nunca terminarán de remodelar.

Por alguna razón que sólo los ilustres políticos de aquella época saben, el palacio de gobierno situado en el centro de la demarcación, comenzó a ser demolido y las oficinas de gobierno fueron repartidas en diversos edificios y construcciones circundantes, la oficina de el delegado se situó en un edificio eternamente azul de la misma calle de Pino en donde existía una farmacia en la planta baja, local que hoy es ocupado por una pizzería y fue en ése mismo edificio en donde tuve mi primer contacto real con lo que hoy se ha dado en llamar la “clase política”. 


De este encuentro les narraré una anécdota, resulta que debido a la profesión de mi padre y al no ser tan abundantes los fotógrafos profesionales en aquellos tiempos un buen día fue llamado para tomar el registro a dos bustitos de bronce que representaban a los dos indígenas a los que se debe la escritura y traducción del “libellum de medicinalibus indorum herbis” también conocido como “Códice de la Cruz-Badiano” o libro herbolario azteca (que pésima traducción), estos indígenas se llamaban Juan Badiano y Martín de la Cruz y sus cabecitas hoy se encuentran en la rotonda de los Xochimilcas notables, aunque aún hoy no me aclaro el porque del tamaño de los bustitos, tal pareciera que su manufactura fue encargada a un escultor Jíbaro reductor de cabezas o algo así, lamentablemente para ellos fueron víctimas de la discriminación natural con la que siempre hemos sido vistos (aún a la fecha) todos los que vivimos o procedemos de tierras Xochimilcas.


Mi afición al rock se incrementaba día con día y no era para menos, por aquellos años escuché lo que sería mi primer álbum grabado en vivo, no omito agradecer a mi hermano mayor el haberme servido de guía y conducirme cual mancebo a perder la doncellez de mis ya no tan castos oídos, se trataba del álbum “Grand Funk Live” y fue una experiencia alucinante escuchar no sólo a una de las mejores bandas que ha existido sino poder escuchar el diálogo que Mark Farner sostenía con su público, los gritos de júbilo de los espectadores, la estridencia de su música, en fin, que casi se podía “oler” el concierto y no era para menos, el olor a mota no se le quitaba a mi hermano de la ropa ni lavándola con todo y él dentro, esto para mí fue todo un viajesote que marcaría mis tendencias rockeras para siempre.


Rolas inmortales como ”Mean Mistreater”, “Inside Looking Out” de la cual debo confesar que me sirvió de guía en mis incipientes pasos por el mundo de la armónica; escuchar el juego perverso que entablaban la guitarra de Mark Farner contra el bajo poderoso de Mel Schacher y la batería sonando como una potente locomotora en manos de Don Brewer, en verdad, en verdad os digo: A-l-u-c-i-n-a-n-t-e!


A partir de entonces ya nada sería lo mismo, ¿escuchar grupos en estudio? –No gracias, ¿no tendrá algún disco “en vivo” de tal o cual grupo? Pedía con aire de profundo conocedor al que no siempre se le podían cumplir sus caprichitos, tenía que conformarme con el disco “en estudio” ya que pocos grupos eran los que se animaban a grabar en vivo dadas las dificultades técnicas de la época, amén de que, de muchos grupos que me gustaban, justamente ése que queríamos, era el primer disco que grababan, ¿¿Cómo demonios íbamos a saberlo?? No cabe duda de que la ignorancia no respeta edades, afortunadamente esa enfermedad (hablo de la ignorancia) también la padecía el dependiente de aquella solitaria tiendita de discos que se ubicaba a un costado del cine Xochimilco al cual acudíamos cada vez que lográbamos juntar lo suficiente para pagar nuestra entrada a la “permanencia voluntaria” y siempre cuidándonos de no pisar alguna rata-guardiana del lugar ¿Cómo olvidar las funciones corridas que ofrecían al ritmo de hasta tres películas por el mismo precio? ¿Cómo no recordar películas como “Nacidos Para Perder”, “Hell Angels” y hasta la aburridísima “Easy Rider”? cintas que dejarían una huella profunda en mi tierno cerebrito y que muchos años después tendrían consecuencias que me marcarían la vida de una manera en extremo gratificante (eso será parte de otra historia, por hoy se las debo).


Corría el año de 1972 y de repente nuestro entorno comenzó a cambiar a la par que nosotros tiernos pubertos en ciernes, de la noche a la mañana nuestro Palacio de Gobierno ya no estaba y en su lugar comenzaron a construir los cimientos apenas de lo que muchos años después sería el Foro Cultural Quetzalcóatl, una obra que quedó inconclusa durante varios años debido a que el subterráneo de la misma se inundaba, convirtiendo aquel fantasma en un suplicio para los ingenieros y el presupuesto delegacional.


El tranvía siempre fue la manera de hacerle trampa al presupuesto familiar ya que por lo que cobraba podíamos viajar mi hermano y yo , y ahorrarnos parte del pasaje que nos daban para ir al centro o a Churubusco e inclusive nos alcanzaba para darnos algún lujito de vez en cuando como el de bajarnos del tranvía para comprar algún pan dulce de la Pastelería La Luna que se ubicaba muy cerca de la glorieta de Huipulco, con su Emiliano Zapata al centro y su eterna Cafetería “El Naranjito” a un costado de la misma.


El tranvía como referente obligado, también fue nuestra cápsula del tiempo, nuestra Apolo XIII región 4, que nos sirvió para, desde sus ventanas con forma de guillotina, poder ser testigos sorprendidos del desarrollo de nuestra ciudad, una ciudad que se nos fue abriendo al mismo ritmo que se nos encogían los pantalones.


La ciudad, nuestra ciudad, comenzó a transformarse, poco a poco se fueron poblando las verdes extensiones de lo que fue el rancho de Coapa o el rancho Olmedo que cada vez se fue haciendo más y más pequeño hasta que la voraz mancha urbana se lo comió con todo y sus cientos de vacas limpias y blanquísimas que al cruzar por la avenida, mostrando orgullosas sus aretes de plástico color naranja, podían detener el tránsito por varios minutos cual si se tratara de una locomotora de carne y leche.


Ya mi correctora de estilo (gracias Ermi) me llamó la atención por mezclar tantos personajes y lugares en un solo texto y le prometí hacerle un poco de caso (sólo un poco) así que no extenderé mis recuerdos tanto ,sólo les puedo comentar, como colofón que en la escena del rock nacional comenzaba a escucharse por el barrio de Santa Crucita, en el baile que tradicionalmente se celebra el 3 de Mayo, a una banda que se convirtió en icono del rock hecho en México y no puedo estar hablando más que del Three Souls in my Mind con sus rolas aguardentosas y llenas de críticas al sistema, rolitas como “Oye Cantinero” “Yo Canto el Blues” o “La Chava de Avándaro” hicieron las delicias de la banda Santa Crucera en aquellas tocadas callejeras gratuitas que inevitablemente y para no perder la religiosidad del día, terminaban a madrazos contra los osados de otro barrio que se hubieren atrevido a acudir a tan selecta festividad.






Bibliografía y Links.


http://www.youtube.com/watch?v=0x6chChxzV0&feature=BFa&list=PLEEE6A473BCF6E70E&index=32


http://www.youtube.com/watch?v=2bKkOEZR53E


http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=708874&page=9 http://www.panoramio.com/photo/14153236



Glosario


Mariguanos.- Adictos a fumar marihuana,


“Quemarle las patas al chamuco”.- Coloquialmente fumarse un “porro” o cigarrillo de marihuana.


Mota.- Coloquial Marihuana, Cannabis Índica


Razzias.- Redadas


“Julias”.- Coloquialmente se le llamaba a las camionetas policiales encargadas de las redadas, de origen incierto el término al parecer proviene de la primer camioneta que se utilizó en el D.F. a principio del siglo XX para las redadas y cuya propietaria al parecer se llamaba Julia y era vecina del rumbo de Tacuba.

Chirona.- Coloquial Cárcel, Prisión.

Xochimilco.- Delegación Política en el D.F., México y cuyo significado es “En la Sementera de Flores”

Tugurios.- Lugar de mala muerte, de corte casi clandestino para libar o consumir bebidas embriagantes.

Loncherías.- Comúnmente así se les llamaba a los merenderos o lugares para “lonchear” y consumir bebidas embriagantes.


Pulquerías.- Expendio de Pulque, lugar donde se vende y consume esta bebida fermentada del aguamiel que se extrae del maguey.

Chamaco.- Coloquial. Niño, Patojo, Chavo, Chamo.

Groovie.- Pesado, se utilizaba para referirse a tendencias no convencionales.

“Gruesos”.- Llamábase así a los jóvenes de tendencia Hippie.
Patchulli.- Perfume elaborado con base en la planta del mismo nombre, de origen Indú.

Avándaro.- Municipio del mismo nombre en el Estado de México, su nombre saltó a la fama a raíz del “Festival de Rock y Ruedas” de 1971.

“Chayote”.- Coloquialmente se le llamaba al soborno tendiente a controlar la opinión de ciertos medios informativos.

“Hoyos Fonkys”.- Lugares semi-clandestinos en donde se refugiaron los grupos de rock como consecuencia de la prohibición oficialista de celebrar conciertos o reuniones juveniles en la década de los 70´s.






jueves, 4 de agosto de 2011

Mentes en Construcción Agosto

publicado en http://www.culturablues.com.mx/
                    http://culturablueslarevista.blogspot.com/


Sexo Sucio (Nasty Sex)


¿Cómo puede un chamaco de casi 9 años de edad, no ser influenciado por sus hermanos mayores?

Esta pregunta creo que debieron hacérsela mis padres a tiempo y en aras de evitar las malas influencias, quedarse solamente con la hija mayor, pero no, en aquellos lejanos días setenteros ni siquiera se pensaba en el slogan cantadito en la radio que rezaba: ¡La Familia pequeñaaaa…vive mejoooor!, aún era común en nuestra sociedad tener “los hijos que Dios nos mande” y hete aquí que en nuestra familia resultamos ser seis hermanos en donde yo ocupaba el lugar número 4, así que ¿Cómo no ser influenciado por los hermanos mayores? …Imposible, diría yo!

Así que la influencia musical siguió llegando a la casa paterna sólo que esta vez de la mano de otro de mis hermanos, que un buen día de 1971 trajo consigo un disquito de vinyl de 45 rpm con sólo dos (o eran 3?) temas de un grupo de Guadalajara que se hacía llamar “La Revolución de Emiliano Zapata”, (hoy en día me pregunto: ¿Qué demonios tuvo que ver Emiliano Zapata en Guadalajara?, confieso que lo ignoro) pero así era como se llamaba la banda de rock netamente Mexicano y cuyo mayor éxito fue la rolita titulada “Nasty Sex”, de los mas groooovie que podía sonar en la radio y que en aquella ocasión podíamos tocar en la vieja consola de casa, ¿Qué más podíamos pedir?

Hay que aclarar que la lisergia reinaba en muchos ámbitos de nuestra sociedad, desde la decoración con colores psicodélicos hasta la indumentaria de los jóvenes, se pusieron de moda los pantalones “unisex” aunque tampoco era raro ver a los más “gruesos” utilizando pantalones de mezclilla que previamente habían sido sumergidos en Coca-Cola y que después de ello nunca se volverían a lavar ni por error, los chalecos estilo sioux , los collares con colgantes de “paz y amor”, las camisas de manta, las bandas de colores en el pelo de las chicas, huaraches y morrales y el infaltable olor del hippie mexicano (jippiteca, le llamaban), el olor a patchuli e incienso, ni que decir que los de más recursos usaban chamarras del u.s. army gastadas y en ocasiones decoradas con el símbolo de la paz y el amor.

Al menos así se vestían algunos de los amigos de mis hermanos, aunque la mayor parte de los jóvenes que sí estudiaban -no como los amigos de mis hermanos- seguían conservando la tradición forzada de vestirse como “gente decente” sobre todo los universitarios y normalistas que siguiendo la costumbre de ser joven y rebelde, al protestar y marchar un mal día de Junio (Jueves de Corpus por cierto), jamás se imaginaron que serían masacrados nuevamente por su propio gobierno a través de un grupo “paramilitar” o de “choque” denominado “Halcones”, -jóvenes como ellos, sólo que con el cabello recortado estilo militar- los mismos que fueron entrenados por expertos en combate cuerpo a cuerpo a mano limpia y/o con armas tan sofisticadas para la época como el fusil M-1, armas que no podían haber llegado solas a las manos de quien fuera sin que lo supiera el gobierno o las autoridades policiacas del país.



¿Cómo olvidar al escapista y mentalista Zovek? Ése que era capaz de conducir un automóvil por la ciudad con los ojos vendados (claro que para entonces no había metrobús, ni segundos pisos) o escapar de sus ataduras colgado de un helicóptero y cuyas hazañas eran transmitidas por la incipiente televisión nacional agrupada entonces en el grupo Televicentro (hoy Televisa), y digo esto porque hay indicios de que el mismísimo Zovek , ése que era admirado por mis compañeros de la escuela y claro que también por mí, entrenó a Los Halcones en una técnica Mexicana llamada “combateka” y que ocho meses después de la matazón de Junio falleció en un misterioso accidente, al menos eso es lo que dijeron los periódicos de la época.



Después del mentado “Halconazo” fueron muchos días en los que lloramos juntos mi madre, mi padre, mis hermanos y yo por no saber nada de mi hermano mayor; Yo para no extrañarlo, ponía los discos que mis hermanos recién habían traído a casa y me imaginaba verlo entrar sonriente por la puerta y decirme haciéndose el enojado: ¡Pero…súbele carnal!



Dicho lo anterior invariablemente le subía a la consola provocando la ira de la jefa que sin consulta ciudadana, referéndum o votación previa siempre reaccionaba de la misma manera: apagándonos el aparatejo aquél.



Temas de moda como In-a-gada-da –vida de Iron Butterfly o el LP más novedoso de la recién fallecida Janis Joplin, titulado “Pearl” con temas como “Move Over” o “Half Moon” que sobra decirlo sólo hacía sonar cuando mi madre se iba de compras al mercado, aunque en no pocas ocasiones, regresó antes de que finalizara siquiera el lado A del disco (sí chavos antes los discos debían voltearse para escuchar todo el material), frustrando mi incipiente formación musical y por lo tanto el ritual chamánico con el que (según yo) haría volver a mi brother.



Para estas fechas ya nuestro tranvía había desaparecido, al menos en lo que respecta al tramo de Taxqueña al Zócalo y en su lugar se había construido el novedoso sistema de transporte colectivo “Metro” sobre el mismo derecho de vía, las personas que lo comenzaron a utilizar comentaban: “Puedes viajar con una taza de café en la mano sin que se te caiga” hoy en día y con tantos hundimientos diferenciales en el suelo que sustenta a esta obra me queda claro que es verdad, aún puedes viajar con una taza de café en la mano siempre y cuando éste venga en grano y no muy llena la taza, además de que en esos tiempos su uso no era muy popular como lo es hoy, que ya se ha convertido en parte del paisaje urbano y producto de primera necesidad para millones de usuarios diariamente.



Para nosotros afortunadamente aún existía la opción del camioncito que nos llevaba a Churubusco cada tercer día, lugar en el que se ubicaba el laboratorio del “Japonés”, sitio en el cual mandábamos a revelar el material fotográfico de mi padre, que se convertía después en el sustento de la familia, para lo cual debíamos bajarnos (mi hermano Miguel y yo) en la siguiente parada después de pasar por el túnel (deprimido le llaman hoy) de Taxqueña, justo enfrente de una casa de materiales para construcción.



En esa especie de glorieta se ubicaba una estatua ecuestre monumental de Don José María Morelos y Pavón que simulaba cabalgar hacia el sur, justo a un costado de la gasolinera que aún persiste en el mismo lugar, la estatua ecuestre después fue trasladada a la Alameda del Sur y su antigua base es ocupada hoy en día por chavos de la calle e indigentes que sin otra opción, utilizan el pradito como tendedero o casa habitación. En la nueva ubicación de Don José María sobra decir que ya no mira hacia el sur, sino que más bien parece dirigir su mirada rumbo al ajusco o a la Unidad Independencia.



La Revolución (no la de Emiliano Zapata) sino la mental, venía encarrerada y no se detendría sino hasta pasado el Festival “Rock y Ruedas” en Avándaro, Estado de México, festival que rebasó por mucho la expectativa del gobierno y que espantó a las buenas conciencias de la época, desatando a los demonios de la censura, los diarios de la época mayoritariamente destacaban los “excesos” de los jóvenes y poca o nula atención dieron al fenómeno social que estaban atestiguando, no lo entendieron o no lo quisieron ver, cegados por el poder del “Chayote” gubernamental, ésa era otra manera de hacer la “guerra sucia” no a la guerrilla armada que estaba en pleno florecimiento, sino a la juventud de ésa época.



Ni que decir de la oleada de clausuras y cancelación de permisos para los de por sí pocos conciertos de rock que se habían programado, acciones que inevitablemente empujaron al rock nacional y a sus jóvenes seguidores a los “hoyos fonkys” o terrenos baldíos.



Por cierto que, como resultado de mis rituales chamánicos (al menos eso quise creer en aquel momento) mi hermano mayor reapareció casi mes y medio después, estuvo escondido en alguna casa amiga convaleciendo de una herida de bala que le atravesó la pantorrilla y a buen recaudo de los servicios de “inteligencia” del gobierno que, como jauría hambrienta, no dejaban de rastrear a todo aquél que hubiera estado cerca de la Normal Superior aquel nefasto 10 de Junio de 1971, nada que ver con lo declarado por Luis Echeverría en su primer informe de gobierno y que textual decía: “…Nadie es perseguido por el disfrute de sus derechos políticos y el disfrute de sus libertades. No pretendemos uniformar el pensamiento, sino, por el contrario, aspiramos a que la crítica reflexiva y de buena fe, contribuya al progreso social.” ¿Buena fé?, me pregunto mientras subo el volumen de mi mp3 en el momento mismo en que comienza a sonar “Nasty Sex”.





Bibliografía y links:



http://maph49.galeon.com/avandaro/revolucioezapata.html

http://www.diputados.gob.mx/cedia/sia/re/RE-ISS-09-06-14.pdf

http://www.youtube.com/watch?v=ER2yhZ_346chttp://www.youtube.com/watch?v=ER2yhZ_346c

http://www.youtube.com/watch?v=UIVe-rZBcm4

http://www.youtube.com/watch?v=dFCpaDEM3Mc


Nota: Para los amigos lectores que nos siguen desde diferentes partes del mundo les comunicamos que en la próxima entrega de “Mentes en Construcción” se integrará un breve glosario de los términos utilizados en el Texto.

martes, 5 de julio de 2011

MENTES EN CONSTRUCCIÓN

Publicado en http://www.culturablues.com.mx/, revista electrónica, no.2, Julio de 2011


RATAS CALIENTES (Música para la cabeza)




Hoy descubro después de muchos años, entre la infinita red de redes la portada del disco de rock que a mis escasos 8 años tuve en mis manos por primera vez y que no se parecía en nada a las portadas de aquellos LP´s que mi madre acostumbraba comprar por teléfono y que alguien con muy buena visión del floreciente negocio le llevaba “a las puertas de su hogar”, álbumes de tres discos de acetato que contenían la obra musical de artistas de la época, Antonio Aguilar, Los Trovadores del Mayab, Guty Cárdenas, Los Panchos, El Mariachi Vargas, Los Hermanos Martínez Gil y un sinnúmero de discos que hasta 1970 fueron mi única referencia musical, cabe aclarar que se nos tenía prohibido poner los discos sin la presencia de un adulto ya que aquella enorme consola usaba agujas de “diamante” y se podían dañar si no las colocabas de forma correcta con el consabido daño a los tesoros musicales de la jefa.



Digo que hasta 1970 porque justo ése año se celebraba en el país el mundial de futbol cuyo emblema tristemente era un charrito panzón y futbolero mal llamado “Juanito 70”, recuerdo a mi hermano mayor llegar a casa con un disco cuya portada me impresionó, se trataba de una mujer con enorme cabellera saliendo o asomándose desde una tumba, el disco en cuestión se llamaba “Hot Rats” y el intérprete era un tal Frank Zappa, está por demás decir que una vez que lo escuché quedé sorprendido de que música como ésa no solo se pudiera tocar, vaya pues, yo ni me imaginaba que pudiera existir! .



El flechazo musical fue certero, me pegó justo en el lóbulo temporal izquierdo y atravesó hasta el derecho provocando la ira de mis padres, que no dejaban de culpar a mi pobre hermano por haberme inducido a escuchar esa música para “mariguanos”, reclamos que no le hacían la menor mella en su honra ni prestigio dada su real afición a “quemarle las patas al chamuco” , mis padres se imaginaban que la mota me podría entrar por los oídos mientras yo me imaginaba juntando mis ahorritos para que en cuanto hubiera lo suficiente… comprar más discos como ése!



Cada tarde, al regresar de la escuela me embelesaba escuchando “The Gumbo Variations” o” Willie the Pimp” y no era sino hasta que terminaba de escucharlas que me sentaba a la mesa a hacer la tarea, afuera en la calle seguían las razzias, las “Julias” famosas no dejaban de llenar la pequeña cárcel de Xochimilco de jóvenes de pelo largo a los que sin excepción los mismos policías rasuraban a tijeretazos.



¿El delito? fácil, se llamaba “Vagancia y Malvivencia” y en ésta acepción cabían todos los que no usaran el pelo corto (se estilaba el casquete corto o a la Brush) y la sanción para éstos desafortunados “greñudos” era pasar quince días en “chirona” revueltos entre verdaderos ases del atraco y el pandillerismo, en ese entonces poca gente reparaba en que, si no estudiaban o trabajaban no era por falta de ganas sino por la enorme falta de oportunidades de incorporarlos a la vida productiva del país, aunado al enorme cambio en el modelo mental que se vivía en ésa época, las ganas de los jóvenes de no repetir esquemas gastados, la necesidad de un cambio real que les permitiera hacer valer su voz, ser escuchados y por ende incorporados a un nuevo modelo social y laboral.



Era 1970 y ya habían desaparecido del Jardín Juárez las hermosas flores de amapola que adornaban nuestro parque (aunque ustedes no lo crean, en algún tiempo la amapola fue considerada la “Flor Nacional” hasta que algún curiosito sin quehacer descubrió otros usos menos decorativos de la plantita y alguna autoridad dio la orden de arrancarlas) y todavía se podía viajar en tranvía desde el mercado de Xochimilco hasta el mismo Zócalo de la ciudad por 10 centavos, era 1970 y en mi barrio existían no menos de diez tugurios de mala muerte que se hacían llamar “loncherías” con su inagotable clientela de borrachines y sus carnosas meseras de faldita negra, ni que decir que el alcoholismo permeaba nuestro entorno, abundaban las pulquerías y al menos tres o cuatro cervecerías y cantinas, todo ello en un radio de seis cuadras a la redonda, causando más daño a la sociedad que las ideas y el cabello largo de los jóvenes.



Era 1970 y mi afición por el Rock apenas comenzaba….



Bibliografía y Links



http://darkslayer646.blogspot.com/2009/11/artista-frank-zappa-disco-hot-rats-ano.html



http://www.youtube.com/watch?v=EaCCKrpCQDM



http://www.youtube.com/watch?v=pRGpZFsYsxs&feature=related



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jueves, 23 de junio de 2011

SENTIR EL CÉSPED

Sitio de amor, lugar en que he vivido

de lejos, tú, ignorada,
amada que he callado, mirada que no he visto,
mentira que me dije y no he creído:
en esta hora en que los dos, sin ambos,
a llanto y odio y muerte nos quisimos,
estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!,
queriéndote, llorándome, perdido.


(Esta es la última vez que yo te quiero.
En serio te lo digo.)

                             Jaime Sabines


A Daniel le duele la espalda, pero éste no es el dolor al que los taxistas como él suelen acostumbrarse con el tiempo. No, el dolor de Daniel es de otra índole y en parte, tiene que ver con aquél accidente de hace diez años, cuando el conductor del trolebús, distraído con el tocacintas, estúpidamente decidió ignorar la luz roja en la que debería haber frenado esa inmensa mole de hierro y que embistió de costado al vochito del año que manejaba Daniel para llevar a Marisela a su nuevo trabajo allá por los rumbos de Coyoacán.

El impacto fue, por decir lo menos, brutal. Tanto así que el vochito que circulaba en el carril de baja con dirección al Norte, quedó montado sobre el camellón que divide División del Norte en su cruce con Miguel Ángel de Quevedo; más de una hora tardaron los servicios de emergencia en rescatar el cuerpo adolorido de Marisela, más de una hora en la que él, trató en vano de mantener su rodilla izquierda en su lugar, más de una hora en la que vio conmovido la espalda fragmentada de Marisela.

Apenas tenía un mes que les habían entregado el Volkswagen, blanco y austero pero del año, que con tanto esfuerzo lograron comprar juntando un poco del dinero que entre él y ella recibieron como liquidación del banco que los echó a la calle, después de haber prestado sus servicios por más de quince años continuos.

Daniel y Marisela se conocieron en una fiesta de fin de año, ésas que acostumbran celebrar las empresas para agasajar a sus empleados; él pertenecía al área de contabilidad y ella se acababa de incorporar al área de sistemas del Banco de Comercio que se ubicaba en pleno centro de la Ciudad, a media cuadra exacta de la XEW de Ayuntamiento y a cuatro cuadras de la Alameda Central. A Marisela le entusiasmaba caminar frente a la estación de radio, se imaginaba que en una de esas podría encontrarse con artistas de renombre; a veces también se imaginaba que era una cantante famosa deseando pasar desapercibida para el común de los mortales y que para hacerlo, se escondía en el edificio de cuatro plantas del banco aquel, ése era el verdadero motivo por el cual siempre entraba en las mañanas sonriente a su trabajo.

A Marisela le gustaba caminar, disfrutar los olores y colores de la calle de Ayuntamiento, no le importaba que para ello se tuviera que bajar en la estación Juárez del metro, le gustaba el trajín de los negocios que a esa hora comenzaban a levantar sus cortinas metálicas, grandes almacenes de azulejo y artículos para baño, y algunos otros dedicados a las cuestiones eléctricas; le gustaba ver los aparadores llenos de lámparas para techo o de buró y espejos para baño con iluminación de lo más moderna, nada que ver con los focos amarillentos que alumbraban tristemente el cuarto que ocupaba con su madre en la calle de Naranjo, allá por Santa María la Ribera; le ilusionaba pensar que algún día ella misma escogería el azulejo y los pisos para su propia casa, a su madre le dejaría escoger las lámparas del techo, pero eso sí, deberían tener incorporado un abanico en forma de hélices de madera, porque su casa debería ser fresca y muy iluminada, tendría grandes ventanas que permitirían el paso de la luz del sol y, si fuera posible, también un pequeño jardincito al frente para poder cultivar rosales de muchos colores o ¿serían gardenias? En fin, eso era lo de menos, pero de que tendría césped, ¡vaya que lo tendría!

A Marisela siempre le gustó sentir el césped con sus pies desnudos, le agradaba mucho esa sensación de cosquilleo que transmite el pasto a quienes se atreven a quitarse los zapatos.

Le gustaba la hora de la comida; acudía a un lugar que ofrecía comidas corridas a muy buen precio, las raciones eran bastante generosas y sobre todo tenía la fondita aquel olor de las cocinas de su barrio, un olor a frijoles de la olla mezclado con el de la ciudad que invariablemente a esa hora, atiborraba sus calles de camiones y cientos de autos que sin piedad, arrojaban sus negros vapores al aire.

Al volver, le llamaba mucho la atención atisbar al interior de las cantinas que a veces dejaban ver como en un sutil coqueteo a su selecta clientela: músicos desafinados procurando endulzar el aturdido oído de los parroquianos, niños vendedores de chicles, boleritos con su cajón de madera lustrando zapatos que muchas de las veces sucumbirán bajo los jugos gástricos vomitados por sus dueños. Si podía, hacía coincidir su andar con el abrir de alguna de las puertas de la cantina, miraba de reojo su reflejo en el inmenso espejo que se ubicaba justo detrás de la barra y que parecía tener la misma o más edad que la vieja cantina y sus dueños, le gustaba su imagen, le gustaba sentirse halagada por su figura, le gustaba lo que el espejo le devolvía: una Marisela en la flor de la edad, deseosa de comerse el mundo a tarascadas.

Era el primer festejo al que acudía por parte del banco y nunca se imaginó estar en un lugar como aquél, un hotel de lujo en plena avenida Reforma. Ella que los veía sólo de vez en vez a través del cristal del Ruta 100, cuando acudía a Chapultepec en compañía casi siempre de su madre y algún familiar que, venido de lejos, les pedía servir de guía en la Ciudad que tanto amaba y de la cual se sentía tan orgullosa de revelar a sus fuereños familiares, devueltos siempre a su terruño con el ojo cuadrado y espantados de tanta modernidad.

Marisela nunca imaginó que en el banco pudiera laborar tanta gente como la que estaba reunida esa noche en ese lujoso salón, atiborrado de meseros y de los acordes de una orquesta que tocaba los ritmos de moda y que, en honor a la verdad, la deslumbró.

Junto a sus compañeras de área se divertía tratando de contar cuanta gente se encontraba en ese momento en la fiesta; fue en una de esas tantas idas al baño que las mujeres acostumbran realizar casi siempre en pareja cuando, sin querer, tropezó con Daniel volcándole el vaso que éste traía en la mano, sobre el traje color verde y cuyo olor a nuevo aún no se esfumaba del todo.

Daniel no aceptó un “disculpe” como excusa sino que, en venganza, casi obligó a Marisela a bailar con él, ése era el precio que ella tendría que pagar si quería ser disculpada.

Marisela se sintió atrapada por aquél hombre, por primera vez en su vida supo lo que era bailar toda la noche y reír con las ocurrencias que apagadas por el ruido de la orquesta casi le tenía que gritar al oído el hasta hoy, desconocido Daniel.

Daniel formaba parte del equipo de atletismo del banco y como trabajador sindicalizado, tenía ciertos privilegios que le permitían entrar un poco más tarde a laborar después de cumplir con su rutina de entrenamiento previo, casi siempre, a competencias de diversa importancia dentro de la Federación de Sindicatos Bancarios.

Ese año en particular revestía especial importancia para Daniel, ya que si lograba obtener una medalla de oro en los juegos de Octubre podría ser catapultado a participar en los Juegos del Caribe que se celebrarían en Cuba, lugar que siempre soñó conocer, pasear por su Malecón, conocer sus costumbres, disfrutar un mojito en plena Habana, saludar al Embajador, ser condecorado, ¿por qué no? Por el mismísimo Fidel, regresar a México como un campeón, un vencedor por todo lo alto.

Para eso se preparaba, para eso y para poder alejarse el mayor tiempo posible de Elena, la esposa con la cual compartía un pequeño departamento muy cerca del metro San Antonio Abad, así como las tardes y noches de infierno en que se había convertido su vida.

Elena laboraba en el Hospital Juárez, justamente en la recién remodelada sección de cuneros y en la medida de lo posible, procuraba cubrir guardias o doblar turnos con tal de no regresar a su casa y encontrar los reproches y el mal genio de Daniel, el hombre con el cual decidió crear un hogar y compartirlo todo “hasta que la muerte los separara”; lamentablemente para Elena, Daniel comenzó a exigir cada vez más y más con el pretexto de que él era un campeón y ella no pasaba de ser una “simple enfermerita”, reproches y amenazas de muerte ante los cuales ella se rebelaba, espetándole su conducta machista y retrógrada cada vez que podía y antes de que Daniel, casi siempre alcoholizado, se quedara dormido en el sillón de la sala.

Daniel, contrariando la costumbre de los verdaderos atletas, había hecho suya la afición de acudir dos o tres veces por semana a la cantina que estaba cerca de su trabajo con el pretexto de que ahí servían mejor botana que bebida, llegando incluso a no estar en condiciones de regresar a laborar, ausencias que invariablemente el Sindicato disfrazaba como “comisiones especiales” y que sin chistar, el área de Recursos Humanos justificaba ante el gerente en turno.

El alcohol comenzaba a hacer estragos en los tiempos de pista de Daniel, tiempos que en vano trataba de recuperar sobreentrenándose y sometiendo su cuerpo a esfuerzos para los cuales no estaba preparado ni física ni mentalmente, y era esa frustración la que invariablemente lo empujaba a buscar consuelo en la cantina y en sus fieles compañeros de “comisión”. Esa tarde, como tantas otras, se le pasaron las “cucharadas”, un amigo que no estaba en tan mal estado se acomidió a manejar el viejo Valiant azul del “Campeón” hasta calzada de Tlalpan en la Colonia Obrera, para depositar en propia puerta el auto y a su etílico propietario.

Daniel, ya seguro en su casa, encendió el modular a todo volumen y sin poder contener la tentación, sacó de un librero falso una botella de Azteca de Oro que escondió de su último cumpleaños, y que Elena no pudo encontrar para tirar su contenido al drenaje como lo había hecho en no pocas ocasiones; bebió uno, dos, tal vez tres vasos de brandy sin refresco ni hielos, “derecho como los hombres” se decía a sí mismo, por eso y para no acostarse en la misma cama que Elena, una vez más, se quedó dormido en el sillón; tal vez por el alcohol que aún corría por sus venas fue que no sintió el terremoto que esa mañana del 19 de septiembre despertó a sus vecinos y que a muchos otros los hizo regresar, cuando apenas se aprestaban a abordar el autobús rumbo a sus trabajos o a sus escuelas, sólo para encontrarse con que sus viviendas se habían convertido en un triste montón de escombros y quejidos.

Tal vez por eso fue que cuando llegó a su trabajo, no pudo parar de reír de la felicidad que según él, le causaba saber que Elena, su compañera de hacía varios años, había quedado atrapada bajo los escombros del Hospital Juárez; fue tal vez el alcohol que aún transpiraba lo que le hizo volverse casi loco de contento al gritar a todos los que a esa hora se encontraban en el banco, que su “infierno” al fin había terminado.

Fue su propio jefe el que lo obligó a retirarse del lugar e incluso comisionó a un chofer del mismo banco para que lo llevara a su casa, firmándole un adelanto de vacaciones para que pudiera enterrar a Elena en cuanto su cuerpo fuera rescatado de entre los escombros.

Lo que Daniel no sabía es que esa mañana, Elena debería comenzar un nuevo turno, le había tocado cubrir la ausencia de una de sus compañeras y se alistaba para cubrir el suyo propio, se sentía algo incómoda por la desvelada, por eso pidió a la jefa de enfermeras permiso para salir a bañarse en unos baños públicos cercanos, y de regreso desayunar una torta de tamal con un buen vaso de arroz con leche. En la entrada del Hospital se encontró con Carmen, una jovencita oriunda de Tláhuac que realizaba sus prácticas profesionales y que, al no traer el suéter del uniforme, venía casi azul y tiritando de frío; ese año a Elena le había parecido en particular un poco más frío que el anterior, por eso le prestó su suéter a Carmen, prometiéndole ésta que cuando regresara se lo devolvería, pasando desapercibido para ambas un pequeño detalle: a Elena se le olvidó quitarle al suéter la plaquita metálica con su nombre.

Dos días tardaron en recuperar el cuerpo aplastado de la supuesta Elena. Dos días en que ansioso, Daniel esperó con todos los trámites hechos en la funeraria para ser viudo oficialmente y poder comprometerse de manera formal con Marisela, quien dicho sea de paso, ignoraba su condición de casado y casi viudo.

Con dos días de ventaja, Elena pudo, con ayuda de su familia, cruzar el país y la frontera norte, dos días que le ayudaron a escapar del infierno en que se había convertido su vida y también su ciudad, estaba consciente de que extrañaría muchas cosas que dejaba atrás: a sus familiares y amigos, su trabajo en el Hospital Juárez, a su perro “Manchas” y a su Daniel, no al de los últimos días, sino al Daniel que la enamoró, al mismo que conoció entrenando en las instalaciones del Deportivo Coyoacán, al de los triunfos y las medallas, al que le prometió llevarla algún día a Cuba a recorrer La Habana y saludar a Fidel, y que finalmente esa mañana de septiembre, para ella, había muerto como su suéter azul al que nunca, nunca más volvería a ver.

A Daniel le duele la espalda, se ha tenido que acostumbrar a manejar su taxi con una rodillera mecánica que le sujeta parte del muslo y que a mediodía, sobre todo en primavera y parte del verano le quema la piel; le duele la espalda y el corazón, aún no se acostumbra a pasar por la zona donde estuvo el Hospital Juárez, como tampoco se acostumbra a pasar por Ayuntamiento. En la medida de lo posible procura evitar las dejadas que lo acerquen a la colonia Obrera. Pero ¿qué hacer?, si sus necesidades económicas son tremendas, los medicamentos para el dolor son cada día más caros y a Marisela le urge una silla de ruedas nueva, en julio próximo él tiene programada una nueva intervención quirúrgica que, con suerte, le ayudará a recuperar un poco la movilidad de su pierna izquierda, y para colmo hay que renovar el tarjetón y la revista del taxi.

A Marisela no le importa o al menos finge no importarle mucho, el hecho de no haber podido cumplir a su madre la promesa de tenerle un jardín pequeño en donde sembrar sus rosales, tampoco le importa no sentir el césped bajo sus pies descalzos, ni salir a caminar por Ayuntamiento como solía hacer al volver de comer o de trabajar; no le importa mucho, o al menos finge no importarle, con tal de estar al lado del hombre al que ama, de “su” Daniel, al cual aún cree ver en esa fiesta, de pie con su traje verde oliendo a nuevo y con el saco manchado de brandy, aún recuerda verse bailar con él hasta la madrugada y su etílica simpatía, sus bromas, su alegría inmensa cuando a unos días del terremoto, le pidió casarse con él.

Daniel no se acostumbra aún a pasar horas y horas formado esperando turno en el hospital de ortopedia, no se acostumbra a tener que recorrer media ciudad con Marisela y su vieja silla de ruedas a cuestas y todo para que le surtan la misma receta con los mismos medicamentos que no le sirven para nada, no se acostumbra a tener que pasar tantas horas en los tribunales repitiendo una y otra vez la misma versión que declaró en cuanto estuvo consciente y que una y otra vez le han hecho repetir los Ministerios Públicos, los jueces, los agentes de tránsito que atendieron el accidente con el trolebús y aquellos abogadillos que con tal de no hacerle efectivo el seguro y alegando mil tonterías, decidieron llevar el accidente a juicio, un juicio absurdo que no tiene para cuando resolverse. Él, que tantas medallas acumuló en su juventud, él que tantos récords batió en los anales de la Comisión de Atletas de la Federación de Sindicatos Bancarios, hoy arrastra su pierna y sus esperanzas de conocer Cuba totalmente rotas.

A Daniel le duele la espalda, pero éste no es el dolor al que los taxistas como él suelen acostumbrarse con el tiempo; no, el dolor de Daniel es de otra índole y en parte, tiene mucho que ver con su paso obligado por ciertos rumbos de la ciudad.

Marzo, 2011



viernes, 6 de febrero de 2009

La Nación Rota


Crecimos atiborrados de la justicia que nos zampaban desde la t.v. personajes como "el llanero solitario", "ultraman", "Combate" y otros tantos que nos presumían su poderoso arsenal gabachizante desde el monitor en blanco y negro de nuestra modesta sala-comedor, de nuestra modesta casita rentada en nuestro modesto barrio Xochimilca.


Que poco conocíamos de la vida y de como se quiebran las ilusiones y el futuro no de unos cuantos sino de un país entero!


En éste país hemos padecido de todo: terremotos, huracanes, inundaciones, fobaproas, catarritos, presidentitos y presidentontos, entoloachados y empoderadas, maestras que regalan Hummers, Generales caídos y encarcelados, besos multados y curas con progenie, explosiones de gaseras, alzas de precios en los carburantes, tortillazos y tribunas clausuradas, informes que se entregan en la puerta como pizza, bayonetas contra machetes, aeropuertos fantasma, zapatistas enclaustrados en su jaula de ceibas, espots negros pintados de azul, urnas saqueadas, jaguares que caen con las uñas rotas, secretarios que caen del cielo, zetas contra champiñones, indígenas que se mueren de gastritis, bibliotecotas sin libros, cuerpos sin cabeza, izquierda mala contra izquierda buena, dinosauros reciclados, bravucones de cantina, agarrones de pierna, y un sin fin de desventuras que se pudieron evitar si tan sólo hubiésemos descubierto la cura para evitar la vejez y la muerte de nuestro único héroe nacional....
Nuestra tragedia cumple 25 años (cuánta falta nos haces Santo)

miércoles, 4 de febrero de 2009

Las Causas del Olvido...


Que razón existe como para no recordar una fecha, un evento, una semana entera?


Pocas veces he escrito o me he referido a mi madre, pocas veces la he pensado vulnerable. Acostumbrados como estamos en la familia a verla sonriente, saludable aún a pesar de la diabetes que la aqueja desde hace ya bastantes años, acostumbrados a su coraje y fortaleza, a escuchar sus sencillos consejos después de abrumarla con nuestros problemas, que casi siempre consistían en siete palabras: ¡No se raje! ¿Que no es hombre?


Fuimos (somos) una familia bastante "sui generis", nos frecuentamos poco, nos llamamos menos, ocupados como estamos en nuestros propios asuntos, a veces coincidimos en casa de los viejitos y es en esas ocasiones en que medio platicamos o medio convivimos, y vivimos y covivimos a medias ya que es casi seguro que no estemos todos reunidos en el mismo espacio ni en el mismo momento.


Recuerdo a mi madre fuerte, brava como buena jalisquilla, muy creyente de sus Santos y veladoras, la recuerdo entrona jalando a sus hijos para llevarlos al Hospital General y todo para que papá pudiera vernos antes de otra de sus múltiples operaciones.


La recuerdo con sus bolsas de mandado comprándome un juguete en el mercado, la recuerdo peinando a mi hermana menor y sus ochocientos caireles o llevando al panteón a mi hermano muerto de una enfermedad llamada calle.


Le gustaba platicar hasta que poco a poco fué perdiendo la audición de uno de sus oídos y fué entonces que le crecieron los silencios, de nada servía el auxiliar auditivo ni cambiarle baterías cada vez, el silencio le fué ganando la batalla, batalla que por nuestras propias vidas alejadas no le ayudamos a vencer.


De repente se perdió en el sinsentido de los días, dejó de preocuparse por los domingos o los lunes o por saber si es Marzo o Diciembre, para ella todos los días son iguales, no tiene prisa por ir a ninguna parte, ni tiene prisa por llegar a tal o cual fecha, no le importa en realidad.


Así que de pronto nos vemos aquí parados frente a ella y la escuchamos preguntar por nuestras mujeres, nuestros hijos y sus escuelas, sabedora de antemano que nuestra visita será de nuevo una visita "de doctor" y que de nueva cuenta les lloverá la soledad en esa casa fría y alejada de sus hijos, de ésos pequeños que un día crecieron y les ganó la distancia, sabedora de que a pesar de todo no está sola, que la acompañan mi padre y sus achaques, así como un perro que nunca creció y sus veintitantos santos intemporales.


¿Que fecha es hoy? le preguntó el médico que la revisó hace unos días, -No sé - contestó (aquí pudo haberle gritado que tampoco le importaba, pero se contuvo), -estamos a 25 de Enero señora- contestó el doctor y fué entonces que pude ver un destello como de niña traviesa en su mirada, volteándome a ver me dijo con el tono que utiliza cuando bromea: ¿y 'ora éste que tiene que no sabe ni en que día vive?


Nos marchamos por donde llegamos, ella callada colgada de mi brazo y yo pensando ¿en que día vivo?

viernes, 14 de noviembre de 2008

Domingo



Origen del Domingo.




En el principio Dios creo la luz y vió que era bueno y entonces la separó de la obscuridad, poco tiempo después creó la tierra y todas las plantas y los animales, entonces vió que era bueno, poco tiempo después creó al hombre, a su imagen y semejanza y vió que no era tan bueno como el esperaba que lo fuera, fué entonces que le dió el libre albedrío y el hombre en su infinita soberbia comenzó a controlarlo todo, le puso nombre a las cosas, cambió el curso de los ríos, comenzó a contar los días y hasta se atrevió a ponerles nombre de acuerdo a su conveniencia.




Fué entonces que Dios, al regresar de un diplomado que tomó en una universidad de Europa, se dió cuenta que los Judíos habían consagrado el sábado en su honor, aunque cabe aclarar que los judíos al no entender la lengua que se hablaba en otros países le pusieron a Dios un nombre diferente y es así que desde entonces ellos dedican éste día a descansar y a orar, poco tiempo después a alguien llamado Constantino se le ocurrió la idea de que el Domingo deberían consagrarlo al Señor y ordenó a su pueblo no hacer nada manual, sólo se permitiría utilizar el dedo índice para cambiar canales con el control remoto.




Dios entonces se dió cuenta de que si los Judíos no lo necesitaban los sábados y los cristianos no lo necesitaban los domingos tendría entonces la oportunidad que tanto había deseado desde que se le ocurrió crear al mundo, tomó su maleta, empacó sus pocas cosas y montado en su motocicleta enfiló con rumbo a la carretera no sin antes dejar en todas las farmacias del mundo una buena dosis de aspirinas, ésto obviamente para ayudar a los mortales a combatir las jaquecas que seguramente el chamuco les sembraría en la cabeza por no utilizar el cerebro los fines de semana.




Desde entonces, los fines de semana sólo se deja una guardia de ángeles para las emergencias, éstos tienen la facilidad de encontrar a Dios con sólo mandarle un mensaje de texto o a través de un podcast a su browser.